Miércoles, poco antes de las nueve de la noche. La ropa lleva en la lavadora desde el sábado y sabes, sin abrir la puerta, que habrá que lavarla otra vez. En el fregadero hay cuatro platos, dos vasos y una cazuela con el arroz pegado al fondo. En el escritorio, la taza del lunes todavía tiene el cerco marrón del café. Estás en el sofá. La cocina queda a once pasos. Los has contado.
Antes, por teléfono, tu madre te lo ha dicho con cariño: «Solo tienes que esforzarte un poco». Ahora la frase vuelve con tu propia voz, reducida a una sola palabra. Pereza.
Esa palabra merece una segunda mirada. La depresión puede volver enormes las tareas más corrientes, y quien la vive puede leerlo antes que nadie como un defecto de carácter. Lo que sigue es información general. No es un diagnóstico y no sustituye a un médico ni a un profesional de la salud mental.
La misma cocina sobre un suelo inclinado
Imagina el suelo de tu casa inclinado unos grados. Lo demás no ha cambiado. El fregadero está donde estaba y los platos pesan lo mismo que el mes pasado. Ahora, eso sí, cada paso hacia ellos es cuesta arriba, y la pendiente solo la notas tú.
Desde fuera no se ve. Tu madre ve un suelo plano y cuatro platos. Tú ves cuatro platos en lo alto de una cuesta.
Esa cuesta es algo que la depresión hace de verdad. El NHS, el sistema público de salud británico, incluye entre sus síntomas la falta de energía, moverse o hablar más despacio de lo habitual, la dificultad para tomar decisiones y los problemas en casa, en el trabajo o en la familia. Cada uno inclina el suelo un poco más. Fregar los platos exige una docena de pequeñas decisiones (por dónde empezar, dónde dejar la cazuela en remojo, si queda jabón), y cuando decidir cansa, la docena pesa.
La psicóloga y neuropsicóloga Taynan Soares Gil Rodrigues lo explicó este octubre al portal brasileño de salud Portal Drauzio Varella. La persona deprimida, dijo, intenta mantener su ritmo de siempre, mientras las tareas sencillas dejan de ser automáticas y empiezan a exigir un esfuerzo cognitivo y físico exagerado. Automáticas es la palabra que conviene guardar. Antes, fregar una taza ocurría sin pensarlo, entre la cafetera y el móvil. Ahora hay que pensarlo, empezarlo y terminarlo, como un trabajo.
Lo que la palabra pereza le hace a la cuesta
La vergüenza parece una herramienta que debería funcionar. Si me trato con suficiente dureza, se piensa, acabaré levantándome. En la práctica suele inclinar el suelo todavía más.
Cada tarea pendiente se convierte en una prueba. La cazuela del fregadero deja de ser una cazuela y pasa a demostrar quién eres, y casi nadie camina con ganas hacia una prueba en su contra. Así que evitas la cocina, el montón crece y la siguiente vez mirarlo duele más. La guía de autoayuda para la depresión de NHS inform, el portal del servicio público de salud de Escocia, describe un círculo parecido: pasar el día entero en la cama puede aumentar el cansancio y la sensación de no haber hecho nada, y lo que hacemos cuando estamos deprimidos puede mantener la depresión en marcha. La guía nombra también las reglas del «debería» con las que nos juzgamos, con un ejemplo que a más de uno le sonará: «Tengo que pasar la aspiradora por toda la casa cada día».
KC Davis, terapeuta y autora de How to Keep House While Drowning, lo dijo sin rodeos en 2023, en una conversación para el pódcast de TED How to Be a Better Human. Contó que cada vez que alguien en terapia se creía perezoso, al llegar al fondo aparecía otra cosa: depresión, problemas de motivación, agobio, burnout, dolor físico. Propone cambiar la frase «Estoy fracasando» por otra: «Estoy pasando por un momento difícil, y quien pasa por un momento difícil merece compasión».
La segunda frase no friega la cazuela. Sí evita que el suelo se incline más mientras decides qué hacer con ella.
Cómo caminar por un suelo inclinado
El suelo no se endereza a base de sermones. Los ánimos sirven de poco en una cuesta, también los que te das a ti. Lo que sí puedes cambiar es lo larga que es cada subida y quién la hace contigo.
Acorta la subida. «Fregar los platos» es una colina. «Fregar la taza» es un escalón. Elige una unidad con bordes claros, como la taza, o la ropa que ya está en la lavadora. Davis describe un pequeño ritual de diez minutos. Pones un temporizador, friegas hasta que suena y paras, quede lo que quede. Parar a tiempo cuenta tanto como empezar, porque le enseña a la mente que la cuesta tiene cima.
Toma el camino menos empinado. La frase central de Davis, en su libro y en su charla TEDx, es que las tareas de cuidado son moralmente neutras. Lo bien que llevas la colada o la comida no dice nada de si eres buena persona. En un suelo inclinado, eso te da permiso para atajar. Platos de papel unas semanas. La ropa limpia en un cesto, sin doblar. Por ahora el objetivo es una casa que funcione lo bastante como para cuidarte, y el listón podrá subir cuando el suelo vuelva a estar plano.
No esperes a tener ganas. En la cuesta, las ganas de subir pueden llegar después de los primeros pasos, o no llegar, y está permitido. La guía de NHS inform, basada en la terapia cognitivo-conductual, propone empezar por un plan. Sugiere un planificador sencillo de tres días, con una o dos cosas que antes te gustaban, algo con otras personas y lo que toca hacer sí o sí, como preparar la comida y cuidarte. Dice que esto puede mejorar el ánimo y la forma en que te ves, que los planes pueden cambiar y que no hace falta hacerlo todo a la vez.
Sube con alguien. Pide a un amigo o a una amiga que se quede en videollamada mientras pones la lavadora, o que se siente a la mesa de la cocina con un café mientras friegas. No tiene que ayudar. Otra persona en la habitación puede hacer que la cuesta parezca más corta. Si vives con más gente, pide una tarea concreta, la basura o la cazuela, y di por qué: «Estoy de bajón estos días y esta semana esto no me sale».
Cuando la cuesta no deja de empinarse
A veces la subida es más que una mala semana. El NHS aconseja ir al médico si tienes síntomas de depresión la mayor parte del día, todos los días, durante más de dos semanas. Tu médico de cabecera o tu centro de salud es un buen primer paso. Ve antes si has dejado de comer con normalidad, si lavarte o salir de la cama lleva días siendo imposible, o si el peso se ha extendido a todo. Como dice Rodrigues, no hace falta esperar a que las cosas empeoren para pedir ayuda. El médico también puede comprobar si algo físico, como un problema de tiroides, una anemia o el efecto secundario de un medicamento, se suma al cansancio. La depresión puede aparecer como mal genio, del que hablamos en cuando la depresión parece irritabilidad, o como un vacío plano y sin color, que describimos en nuestro artículo sobre la depresión y el vacío.
Si tienes pensamientos de morir o de hacerte daño, contacta ahora con los servicios locales de emergencia o de crisis.
Decir en voz alta «no puedo ni fregar los platos» cuesta, sobre todo delante de quien vería los platos. NoOneToTalk ofrece escucha anónima entre iguales, un lugar para decir esa frase sin que nadie mire cómo está tu cocina. Es un lugar para hablar. No es terapia ni tratamiento médico.
Esta noche los once pasos seguirán siendo once. Prueba a recorrerlos una vez, solo por la taza. Enjuágala, ponla boca abajo en el escurridor y vuelve al sofá.
Los platos pueden esperar a mañana, cuando quizá el suelo esté un poco menos empinado.
Si tú o alguien que conoces está en crisis, busca ayuda. Directorio internacional: findahelpline.com.





