Jueves, las ocho y media. Dos platos de pasta en la mesa, la radio bajita. Enfrente, tu pareja te explica lo de la caldera: el técnico puede venir el martes, pero solo entre las ocho y las doce, así que uno de los dos tendrá que trabajar desde casa. Asientes. Estás mirando el salero, y te das cuenta de que llevas un rato mirándolo.
Hace cuatro años os quedabais despiertos hasta las dos de la madrugada en una cocina la mitad de grande que esta, hablando de nada, y te parecía la mejor conversación de tu vida. Esta noche lo más interesante de la mesa es la caldera.
Entonces llega el pensamiento, en voz baja y frío. A lo mejor ya no la quiero. A lo mejor el final es esto.
Este artículo habla de ese pensamiento, en una relación que en el fondo es amable y se ha vuelto tranquila y plana. Es información general. No es terapia de pareja y no está escrito para relaciones en las que hay miedo, control o violencia. Si esa es tu situación, la parte cercana al final es para ti.
La calle que dejaste de ver
Piensa en las primeras semanas después de mudarte a un barrio nuevo. Todo pide que lo mires. El portal azul con la aldaba de latón. La panadería que a las siete de la mañana huele a anís. El señor mayor que riega los geranios siempre a la misma hora y te saluda con la cabeza. Caminas despacio, y das la vuelta larga solo para ver qué hay al doblar la esquina.
Dos años después vas a la parada del autobús con la cabeza en otra parte. No sabrías decir de qué color es aquel portal. No han derribado nada, la panadería sigue ahí. Tu mente ha aprendido el recorrido, y una mente que se sabe el camino deja de gastar atención en él.
Con una persona pasa algo parecido. Al principio cada historia es nueva y cada pequeña costumbre suya es información. Luego te la aprendes. Sabes cómo toma el café y qué canción va a saltarse. Conocer a alguien convierte una calle nueva en tu calle.
Así que esa sensación plana del jueves por la noche muchas veces es el ruido de la familiaridad. También puede ser señal de que hace tiempo que no vais juntos a ningún sitio nuevo. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Ninguna de ellas, por sí sola, significa que el amor se haya ido.
Lo que han encontrado los investigadores sobre el aburrimiento en pareja
El aburrimiento en las relaciones largas tiene una pequeña literatura científica propia. En un artículo para la revista de psicología In-Mind, los investigadores Greg Strong, Frank Fincham y Arthur Aron lo describen como una ausencia: poca emoción positiva y pocas ganas de avanzar juntos hacia algo. Señalan que aparece incluso en relaciones que por lo demás son buenas y satisfactorias. Las parejas que discuten, añaden, por lo menos están haciendo algo.
Eso no vuelve inofensivo el aburrimiento. En un estudio difundido por la Universidad Stony Brook, Irene Tsapelas, Arthur Aron y Terri Orbuch entrevistaron a 123 parejas casadas en Estados Unidos en el séptimo año de matrimonio y otra vez nueve años después. Quienes decían en el séptimo año que su matrimonio se había estancado en la rutina, siempre lo mismo y casi nada emocionante juntos, tuvieron una caída mayor de satisfacción en el decimosexto. La lectura de los investigadores fue que el aburrimiento reducía la cercanía, y que era esa cercanía perdida lo que hacía bajar la satisfacción.
Leído al revés, el resultado se vuelve útil. Una rutina dice algo sobre la forma de vuestros días. Sobre la persona sentada al otro lado de la mesa no dice nada definitivo.
Un límite, dicho con honestidad. Gran parte de estas investigaciones se hizo con parejas casadas de Estados Unidos y describe promedios. Vuestra relación es un solo caso, con su propia historia.
Tomar otra calle, juntos
Volvamos al barrio. Para volver a verlo no hace falta mudarse. Tomas otra calle a propósito, y funciona mejor si la tomas con alguien.
Eso es más o menos lo que Aron y sus colegas pusieron a prueba. Como resumen los autores en In-Mind, las parejas que hacían juntas actividades nuevas y emocionantes decían después que su relación iba mejor, también las que habían dicho que se aburrían. Otro estudio que citan encontró una versión más tranquila: hasta las tareas de cada día compartidas, como cocinar o cuidar de los hijos, podían ayudar cuando la pareja se metía de lleno en ellas. En el comunicado de Stony Brook, Aron proponía una noche a la semana para hacer algo que nunca, o casi nunca, habéis hecho juntos.
La otra calle puede ser pequeña. Una receta de un país donde ninguno de los dos ha estado, que sale regular. El autobús hasta el final de la línea un domingo por la mañana, sin plan para cuando os bajéis. Una clase en la que los dos sois principiantes y los dos hacéis un poco el ridículo. Volvéis a aprender algo codo con codo, y ves a la otra persona en algo que todavía no domina.
Lisa y Gavin, una pareja que contó a The Guardian sus treinta años juntos, describen etapas en las que se sentían más compañeros de piso que pareja. En esos periodos, cuenta Lisa, tenían que esforzarse: hacerse reír, poner música, bailar en la cocina. La frase de Gavin merece guardarse: «la emoción sigue existiendo en lo conocido».
También puedes decir en voz alta que las cosas están planas, con cuidado, sin convertirlo en una sentencia. «Nos echo de menos. ¿Probamos algo nuevo el sábado?» llega de forma muy distinta que «Nunca hacemos nada». La primera frase es una invitación. La segunda parece un dato y funciona como un reproche.
Cuando el silencio es otra cosa
La familiaridad es uno de los motivos por los que una relación se vuelve plana. Hay otros, y piden cosas distintas.
Si la sensación plana está en todo, quizá tenga más que ver contigo que con la relación. Perder el interés también por los amigos, la comida, el trabajo y las aficiones, sentir que no hay esperanza casi todos los días, una bajada del deseo sexual que llegó junto con lo demás: el servicio público de salud inglés (NHS) incluye estas señales entre las de la depresión y aconseja ir al médico si los síntomas duran la mayor parte del día, todos los días, durante más de dos semanas. Escribimos sobre cómo puede vivirse en la depresión no es solo tristeza.
Si el silencio esconde cosas que habéis dejado de deciros, pequeños resentimientos que nunca se hablaron, puede parecerse más a una huida que a la calma. Nuestro artículo sobre por qué discutir no significa que vuestra relación esté fracasando habla de cómo se reparan las parejas después de un conflicto, y solo al lado de alguien trata de la soledad que se siente estando juntos.
Y si el silencio es del tipo prudente, porque tienes miedo de cómo va a reaccionar tu pareja, la situación es otra. Amenazas, control de tu dinero o de tu móvil, impedirte ver a otras personas, cualquier agresión física: nada de eso es rutina, y las ideas de arriba son la herramienta equivocada. Si estás en peligro, llama ya al 112. En España, el 016 atiende a víctimas de violencia de género de forma gratuita, a cualquier hora, y la llamada no aparece en la factura. Nuestro artículo cuando mantener la paz era tu forma de estar a salvo habla de lo que vivir en alerta le hace a una persona.
Si antes necesitas decirlo en voz alta
A veces el pensamiento «a lo mejor ya no la quiero» pesa demasiado para llevárselo a la persona de la que habla, y es demasiado íntimo para los amigos que os conocen a los dos. Decirlo a alguien de fuera de la historia puede ayudarte a oír lo que de verdad significa. NoOneToTalk ofrece escucha anónima entre iguales, las 24 horas del día. Es un sitio para hablar. No es terapia, y allí nadie te va a decir si quedarte o irte. Si los dos queréis trabajar en la relación, un terapeuta de pareja es el camino más directo.
El jueves siguiente la caldera ya está arreglada. Al volver a casa os bajáis del tranvía una parada antes, en el mercado por el que nunca pasáis, y compráis una fruta cuyo nombre no conocéis. Nadie sabe cómo cortarla. Acabáis riéndoos en el fregadero, con el zumo resbalando por las muñecas, en la cocina de siempre.





